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AMANITA MUSCARIA

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Amanita Muscaria o matamoscas es un hongo que hace llamativo
su aspecto por la combinación de colores rojo escarlata
y pintas blancas en su juventud y amarillento con el paso
del tiempo cuyo tamaño oscila entre los 7 y 15 centímetros,
con efectos alucinógenos. Se trata de una seta con
gran trascendencia antropológica, ya que posee unas
sustancias alteradoras del sentido de la realidad usada por
chamanes como medio para lograr el éxtasis y el contacto
con los espíritus. Su toma con fines festivos y religiosos
indagaba alcanzar la embriaguez de toda la comunidad. Posee
múltiples nombres como matamoscas que alude a su cualidad
de atraerlas y fulminarlas con facilidad. Otras denominaciones
pueden ser: castellano ( oropéndola loca); euskera
( kuleto falson); catalán (reig bord). La etimología
del hongo podemos decir que no es del todo muy moderna, amanita
es un término latino y muscaria emparentado con el
vocablo latino para nombrar a las moscas.
Árboles como los abedules, hayas, pino negro y abetos
que se encuentren a más de 2000 metros de altitud dan
a este hongo los suficientes nutrientes que necesita la amanita
para desarrollarse cualitativamente, por lo que el cultivo
en “casa” no ha tenido éxito. Su distribución
por el planeta es diversa: estepas siberianas, Asia septentrional,
Finlandia, Pirineos, Grecia, Norte de América, México,
Guatemala... De fácil confusión con su prima
Amnita Phalloides bastante parecida en cuanto aspecto pero
mortal en su ingesta.
Ya desde el siglo XVIII en occidente las consecuencias psicoactivas
de la A. Muscaria eran conocidas y gracias a F.J Stranhlenberg
que tras sus observaciones en Siberia veía que era
usado como embriagante, utilizado con fines lúdicos
y mascado o ingerido como si de una infusión se tratara.
Este hongo secado tiene mayores efectos que en su estado crudo
y fresco, el cual una vez que es ingerido pasa por el organismo
sin inmutarse guardando todas sus cualidades enteogénicas
la orina que a su vez ésta puede ser injerida para
fines lúdicos, ceremoniales, etc.
El etnomicólogo R.G. Wasson dio a conocer el valor
sagrado de esta planta en la religión hindú
la cual data desde hace 3500 años y planteaba la hipótesis
de que este hongo se encontraba en la base del origen de las
religiones. Pero no por ello la cultura occidental queda lejos
de ello ya que en el arte europeo y cristiano donde Adán
y Eva “posan” junto a un árbol con forma
característica de un hongo como el de la Amanita muscaria.
Pero no todo queda en aspectos lúdicos y religiosos,
sino también es el mundo mágico y fantasioso
de los gnomos y hadas se encuentran muy ligadas. Recordemos
lo que comía Alicia en el “país de las
maravillas” para hacerse diminuta. Con ello aludimos
que este hongo tiene dos efectos psíquicos: micropsia
y macropsia: “el verse a sí mismo y a los objetos
que le rodean a uno disminuir o crecer de tamaño de
forma desmesurada”.
En lo que respecta a la Alquimia; no olvidemos que en su
estado seco por descarboxilación su ácido iboténico
se vuelve más estable (muscinol) por lo que es más
potente. Por ello se usa con habitualidad en este estado con
finalidades lúdicas. La antropina, fármaco utilizado
para la cura por intioxicación de hongos, resulta no
adecuado en el caso de la A. Muscaria ya que potencia grandemente
el muscinol y el ácido iboténico.
Tras la ingesta de Amanita muscaria, habrá que esperar
la llegada de sus efectos en cuyo caso algunas horas después
del consumo se produce una intoxicación con molestias
gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarreas).Después,
aparece locuacidad, buen humor, buenas sensaciones y empiezan
a manifestarse los trastornos perceptivos, normalmente alucinaciones
visuales y auditivas. Podemos decir que existen tres fases:
1º.- Sensación de euforia, gran vitalidad.
2º.- Creación del imaginario colectivo (gnomos)
3º.- Propiamente enteogeno: de contenido espiritual y
místico y no es de extrañar que vaya acompañado
de una imparable somnolencia, tan fuerte que tan sólo
recordaremos las dos primeras fases.
Sus efectos duran entra 4 y 6 horas sin tener en cuenta la
espera a la aparición de los primeros efectos. Simplemente
es una experiencia arcaica, imprevisible, sorprendente e impactante.
ALUCINAR.-
Hemos visto en el texto primario de “Amanita Muscaria”
lo que se puede entender por alucinar. De consumo habitual
entre los pueblos primitivos antiguos y contemporáneos,
y que son utilizadas para ponerse en contacto experiencial
con sus divinidades, sea cual fuere la ideación cultural
de este término.
En todo caso hemos reflexionado sobre el posible origen
de la palabra “alucinar”, sin tener en cuenta
su etimología del latín: “allucinari”.
Atendiendo a la palabra lúcido, que nos viene cuando
se es claro en el estilo, en el razonamiento, si le añadimos
el prefijo “a” estaríamos definiendo lo
contrario: alúcido, es decir, no tener un claro razonamiento.
Y su forma verbal pudiera traducirse en “alucinar”.
Claro está que esta conclusión no tiene rigor
científico y puede que no sea lo correcto. Pero lo
que sí es cierto que tras varias observaciones en múltiples
textos, el origen etimológico de “alucinar”
no ha sido encontrado.
Bien sabemos que los alucinógenos ya se conocían
desde ante de la época de lo romanos con fines lúdicos,
místicos, chamánicos, etc. pero que en realidad
lo que se pretendía era perder la lucidez y el raciocinio
de la realidad y así ver u oír aquello que nosotros
queríamos para poder dar una explicación a un
enigma o duda y era buscando en el más allá
donde nos aportaban una solución o una satisfacción
a nuestra pretensión. Por consiguiente llamar "alucinógenos",
como suele hacerse con sustancias modernas (LSD, ácidos
de laboratorios...) elimina todo el sentido sacro que tiene
tal uso desde antaño. Además, podemos decir
que los verdaderos efectos alucinógenos provocados
por las setas, están frecuentemente enmascarados por
el estado psíquico de cada individuo.
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